La repentina muerte de su esposo sumió a la joven viuda en un profundo dolor. Su excéntrico suegro la maltrataba, y sus súplicas de clemencia fueron ineficaces para detener la tortura con cuerdas, causándole un inmenso sufrimiento. Su cuerpo, ya maduro, fue atado con cuerdas de cáñamo y sometido a torturas con velas y látigos. Las cuerdas se clavaban en su piel blanca y tierna, y la cera caliente salpicaba por todas partes. Sin que ella lo supiera, ¡fue sometida a esta tortura por la viuda durante un total de 120 minutos!