"No vine por eso", dijo, con sus partes íntimas empapadas y los pezones erectos. La imagen de diez esposas insatisfechas disfrutando del tan esperado coito era intensa. Ella, que siempre había mantenido su pureza con su marido, ahora ignoraba las consecuencias de sus actos cuando se trataba de otra persona, disfrutando del pene a su antojo, montándolo desde su ángulo más cómodo.