Yusuke, impulsado por un deseo lujurioso, vivía una vida de autoplacer, como un mono. En resumen, quería sexo. Se acostaba con cualquiera. Su creciente lujuria lo incapacitaba para hacer otra cosa. Entonces, su madre, Shiho, apareció ante él, con sus grandes pechos meciéndose mientras limpiaba. Al observarla más de cerca, la vio con un cuerpo lascivo... Para Yusuke, el cuerpo de Shiho era como el deseo cumplido de un hombre, salido de un manga pornográfico, y sus deseos explotaron incontrolablemente en una dirección perversa.