Desde pequeña, mis tíos jugaban a menudo conmigo. Empezaron con simples juguetes y luego se intensificaron hasta lamerme el cuerpo con avidez y acariciarme los genitales... Aunque me daba asco, estas experiencias me hicieron darme cuenta de que era mujer. Salí de casa como si huyera, decidida a no volver jamás, pero mi padre enfermó repentinamente. Me preocupaba arrepentirme si no regresaba, así que decidí volver a casa. Al volver, mis tíos me recibieron con la misma ternura de siempre, como si recibieran a una mujer casada...