Los monstruosos padres, que siempre habían codiciado la hermosa pero lastimosa figura de la maestra, le tendieron una astuta trampa y la pusieron en la mira. "¡Tú fuiste quien hizo que las calificaciones de nuestro hijo fueran tan malas! ¡Si quieres perdón, no muestres sinceridad, muestra deseo sexual!". Este padre e hijo monstruosos consideraban que la sinceridad no era más que usar el cuerpo de la maestra para cometer actos indecentes.